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 El estrés

Generalmente, existe una concepción negativa en relación al estrés, lo cierto es que es una preparación física y mental necesaria para enfrentar peligros o situaciones críticas. Lo negativo es cuando se perpetúan estas respuestas sin permitirnos evaluar la situación y responder adecuadamente, generando un estado de estrés crónico que provoca consecuencias adversas a nivel físico y/o mental.

Desde el punto de vista psicológico, el estrés crónico es la respuesta del organismo a un estado de tensión excesiva y permanente que se prolonga y coloca al individuo al borde del agotamiento, exigiéndole un esfuerzo de adaptación constante, provocando una tensión emocional y/o intelectual fuerte, sin tiempo de preparación para hallar respuestas mas apropiadas.

Los síntomas emocionales más comunes son la cólera, ansiedad, frustración, episodios de llanto, irritabilidad, depresión, risa nerviosa, desaliento, preocupación excesiva. Entre los síntomas mentales se destacan los problemas de memoria, el aturdimiento, la baja concentración y productividad, la actitud negativa, confusión, pensamientos acelerados, la falta de ideas nuevas.

Los síntomas espirituales se advierten cuando la persona experimenta sentimientos de vacío y sinsentido.

Los síntomas físicos del estrés se manifiestan a través de cambios en el apetito, dolores de cabeza, tensión, fatiga, alteraciones del sueño, dolores musculares, palpitaciones, propensión a los accidentes.

Por último, los síntomas interpersonales del estrés actúan aislando a las personas, volviéndolas intolerantes, resentidas, desconfiadas, con pocos contactos con sus amigos, con falta de intimidad y cambios en el deseo sexual, e incitación al aumento en el consumo de drogas, alcohol y/o tabaco.

Recordemos que "las situaciones no nos afectan por lo que son en sí, sino por lo que cada uno de nosotros interpreta acerca de ellas".

Muchas personas, reaccionan agresivamente o sintiéndose frustradas, cuando una situación no es como la esperaban. Tienden a experimentar solo el lado negativo de la circunstancia, experimentando emociones y pensamientos negativos, que tienden a alimentar sus temores, impidiendo conservar la calma y la claridad mental necesarias para aceptar y resolver la situación.

La felicidad no se puede medir por la ausencia de inconvenientes o problemas, sino por la capacidad de adaptación, aceptación y la forma de resolverlos de la mejor manera posible usando los elementos que tenemos a mano. ¡Si solo tenemos un limón... hagamos una limonada!

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